| Yzaguirre: Pionero del poder político hispano |
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Ricardo J. Galarza y Mercy Padilla
En el 1 de junio se inauguró el nuevo edificio del Consejo Nacional de la Raza (NCLR) en Washington, DC que lleva el nombre de su líder histórico, Raúl Yzaguirre.
Yzaguirre dirigió la organización desde 1974 hasta diciembre del año pasado, años en que la llevó de una pequeña oficina casi sin fondos ni personal, a la mayor organización de derechos civiles para los hispanos, con más de 35 mil miembros y un presupuesto de 30 millones de dólares.
En la década de los 90, el Consejo Nacional de La Raza logró infinidad de beneficios para la comunidad hispana con la reforma de la ley de asistencia social, que redundaron en más de 20 mil millones de dólares; y jugo un papel muy importante en la creación de mas de un centenar de escuelas. En la actualidad, otorga viviendas a más de mil familias cada año, y su banca hipotecaria maneja 160 millones de dólares al año.
Yzaguirre nació en San Juan, una pequeña localidad del Valle del Río Grande, en Texas. Y desde pequeño, fue testigo de la discriminación a la que eran sometidos los hispanos. En esa época, existían aún los carteles en Texas que dejaban leer: “Prohibidos los mexicanos”.
A los 13 años de edad, partió de su hogar en busca de aventuras. Más tarde, ingreso a la Marina. Y al término de su servicio, comenzó a constatar en la vida civil, que los latinos no eran tratados acorde a cómo servían a su nación.
Decidido, se trasladó a Washington, DC para luchar por los derechos de la comunidad desde la misma capital. Y lo logró. Hoy es uno de los líderes hispanos más reconocido y quizás el que más logros ha alcanzado para su gente.
A sus 65 años y aquejado del mal de Parkinson, este veterano de mil batallas por los derechos civiles no claudica en sus esfuerzos; y ha aceptado una cátedra en la Universidad Estatal de Arizona para continuar desde allí su imponente legado de lucha.
Desde el mismo edificio que hoy lleva su nombre, Yzaguirre tuvo un breve aparte con La Red Hispana. Lo que sigue es un resumen de la entrevista.
¿Qué siente el niño humilde del Valle del Río Grande cuando se le dedica un edificio como éste en el corazón de Washington, DC?
Mucho orgullo, mucho orgullo y mucha satisfacción por la labor que ha hecho el equipo del Consejo Nacional de la Raza. Cuando salí del gobierno, en 1969, me otorgaron un pequeño espacio aquí en Washington, en este edificio. Así que es un verdadero orgullo regresar 30-35 años después y ser dueño del edificio. Pero no es solamente el hecho de tener un edificio en mi nombre lo que me llena de satisfacción, sino el haber establecido una institución al servicio de nuestra comunidad. Eso es lo importante. Este edificio, a sólo dos cuadras de la Casa Blanca, le da carne, podríamos decir, a la permanencia de esta organización, que representa al poder del pueblo latino. Y es ése el mayor logro.
¿Cuál fue su mayor influencia tras esa infancia humilde en Texas y lo que lo llevó a ocupar uno de los lugares de mayor relevancia en el liderazgo de la comunidad latina a nivel nacional?
Mira, mi mayor influencia fue mi abuelo materno, que fue un hombre cabal, un hombre de mucho coraje y de mucha capacidad. Un ser humano que profesaba un amor entrañable por nuestra gente, y un espíritu incansable en la búsqueda de la justicia para la comunidad. El era analfabeto; no tenía educación formal, pero una de las personas más inteligentes que yo he conocido en toda mi vida. Y a los 13 años, yo me sentí muy hombre, me sentí muy adulto, en esas ilusiones de la juventud, y me fui de la casa. No porque resintiera a mis padres, sino porque buscaba aventuras. Y al cabo de poco tiempo, logré lo que quería en ese momento que era ser marino. Pero luego entré en una etapa en la que me empecé a preguntar qué era lo que yo realmente quería hacer de mi vida. Y en ese momento me enteré del trabajo de un doctor García, Héctor García, que fue fundador del American Forum, en esa época de los 50. Y me atrajo mucho el trabajo, el mensaje, los valores que él cultivaba. Y fue así que decidí dedicar toda mi vida a mejorar la situación y a defender los derechos de nuestra gente aquí.
Cuando usted asumió la dirección del Consejo Nacional de la Raza en 1974, la organización no tenía mayor repercusión a nivel nacional, casi sin fondos. Hoy en día es una institución influyente, acaso la más influyente de la comunidad hispana. ¿Cuál fue su papel en ese crecimiento y cómo se logró?
Comenzamos con una visión muy amplia, y a la vez, muy profunda. En primer lugar, indicamos claramente que nuestro fin era ubicar no solamente a los méxico-americanos dentro de esa organización, sino a todos los hispanos. Ahora parece algo normal. Pero en esa época, a principios de los 70, era una idea realmente radical, porque cada grupo de hispanos tenía la tendencia de abogar solamente por su propia gente. Por otra parte, también tratamos de entender el poder adquisitivo que realmente había alcanzado nuestra comunidad y buscamos convertir ese poder adquisitivo en poder político, en poder institucional y reconocer al mismo tiempo qué era lo que estaba pasando internamente en la comunidad. Otras comunidades que habían surgido, lo habían hecho a través de instituciones, como la comunidad negra, que tuvo el NAACP, que tuvo las iglesias negras; los judíos, que tenían sus iglesias y sus instituciones... Pero la comunidad hispana no tenía esa clase de instituciones. Entonces, nos dedicamos a establecer una organización que verdaderamente tuviera fuerza, que pudiera lograr soluciones e instrumentar políticas de protección. Y esa visión tuvo, se puede decir, el apoyo de nuestra gente. Y a través de los años, lo fuimos logrando. Con mucho esfuerzo, naturalmente, con muchas ganas, pero lo logramos.
Es lo que usted llama la visión pan-hispánica de la comunidad latina. Muchos lo consideran la pieza clave para derribar esas barreras que existían entre los mexicanos, los cubanos, los puertorriqueños y otros hispanos. ¿Cómo ve esa unidad ahora? ¿Perdurable?
Se tiene que trabajar. Es como un matrimonio, hay que trabajarlo de continuo. No porque uno le dedique tiempo y porque preconice ciertos valores o jure algo, ya quiere decir que esa unidad es permanente, que ya se logró. Se tiene que trabajar, se tiene que mantener comunicación, se tienen que entender los unos con los otros. Y, por encima de todo, hay que asumir un compromiso sincero con la unificación de nuestra gente. Ahora, apenas estamos comenzando. Lo estamos entendiendo un poco más y finalmente nos estamos dando cuenta de que lo que nos une es mucho más potente que lo que nos divide.
¿A qué se dedica hoy en día y cuál es el futuro de Raúl Yzaguirre?
(Risas) He aceptado un puesto como profesor en la Universidad de Arizona, la Universidad del estado (Arizona State University), con el propósito de establecer un centro de desarrollo comunal y de derechos civiles. Es decir, para tratar de usar los recursos de la
Universidad, que es la Universidad pública más grande de los Estados Unidos y tiene infinidad de recursos, en beneficio de la comunidad, de todas las comunidades, pero especialmente de la comunidad hispana de los Estados Unidos.
Para mas información sobre este articulo o información y referido a servicios en su comunidad llame a su Línea de Ayuda 1-800-473-3003. Es gratis, confidencial y en español.
© 2005 La Red Hispana
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